
En 2007 publiqué Meditaciones
en el Bosque. Pero pasaron los años y sentí la imperiosa necesidad de
revisar y condensar esos poemas. Una pregunta se instaló en el corazón de mi
escritura: Si nosotros nos transformamos ¿no se transforman también nuestros
poemas? Imagino una nueva publicación de este libro, un poema por página, en un
formato rectangular y pequeño. Un libro-objeto. Aquí se puede leer la versión actualizada y con un nuevo título: El
cuaderno del Bosque. Tanto El cuaderno del Bosque como Ballyhoo ( http://poesiaenlaselva.blogspot.com.ar/2016/07/ballyhoo.html) los comencé a escribir estando de viaje, y son un registro de las sensaciones físicas y vivencias en otros paisajes.
1
Además,
para que la voz se deje oír y grite en tu corazón, construye en tu corazón el
desierto donde grita. Conviértete en desierto. Escucha el desierto del sonido.
Eckhart Meister.
2
Dulce de arce. El bosque da
vueltas a mí alrededor. El alma es amarilla y sube, sube. Los animales
agazapados, rodando van a venir como cuando la miel rebasa del vaso.
3
Canadian flag. Desde esa hoja rojo profundo modernos
abejorros (acuosos y plateados) emergen dando vueltas sobre sí.
4
Alaska. Sus cabezas buenas
cantando. Verdes, marrones, azules: vi una historia de hielo en sus ojos.
Espejos invertidos. Despacio, un montón de canadienses caminando hacia mí.
5
Silencio. Sobre el pelo
aplastado de las madres corren niños en miniatura. Alguien quiere adormecer mi
voz animal.
6
Dedos. El rastro de unas manos
pegajosas se disuelve en el pasto. Uñas de nieve ¿Es el bosque o mi cuerpo el
que despide un fermento gris?
7
Las piñas llevan dentro de sí
una señal. Ríen. Las moscas cuando mueren son más suaves. Ahora están alrededor
de los tomates pelados por la abuela. En su cara veo manchas azules y a ella
toda como una mancha negra.
8
El mundo me hace cosquillas.
Soy: una ardilla.
9
Como
rocío de hierba temprana se levanta lo nuestro de nosotros, como el calor de un
plato caliente. Oh, sonrisa, ¿adónde? Oh mirada hacia arriba: nueva, cálida,
huidiza ola del corazón; ay de mí: somos esto, sin embargo. ¿Sabe a nosotros el
espacio del mundo en el que nos disolvemos? Rilke
10
Cordón vegetal. Mutina nació hace dos días. Nadie la puede
tocar hasta mañana. La madre me pide que la lleve a mi casa. Tiro del cordón
umbilical, es un pasto muy largo. Encastrada en una tela la bebé se acerca
lentamente. Nos sentamos en círculo. La madre se va. ¿Y si llora? y ¿si algún
insecto...? y ¿si se cayera? La casa no está preparada para bebés. Distintas
voces opinaron sobre el nombre de Mutina.
11
Pequeña mujer. Florencia sale
de su cabaña y se encuentra con un oso. Hace lo que le dijeron que no tiene que
hacer: corre. El oso la agarra con los dientes de un brazo. Se divierte. Salta.
Florencia se relaja. Él se sacude y ella queda durita. ¡Esto es una danza! Veo
una pincelada azul que flota en agua dorada.
12
El
bosque es la pasión... y el jardín el amor. Diana Bellessi.
13
Estirada hacia atrás observo
los pinos al revés y pienso que cada uno es una capilla. Voy a salir de mi casa
para hablar con ellos. Ahora mismo. Voy.
14
Capilla del mar oscuro. Tres
pinos juntos. Arriba se confunde el ramaje: Entrá,
tocá una rama con la mano izquierda. Apretá fuerte y mirá para arriba. Te
duele. Cuando empezás a ver borroso empieza nuestra oración. Salí. Volvé a
entrar. Quebrá un pedacito de savia. Olé. Hacé una marca en el tronco del
medio. Tocá la tierra y escuchá. Protección para los hombres que se
trasforman en arañas cuando salen del mar. Lentamente. Protección para las
arañas gigantes que no van a volver. Apretá
de nuevo. Siempre con la mano izquierda. Te duele. Podés salir. Si te das
vuelta y mirás de lejos nos vas a ver cubiertos de arañas negras, muertas de
risa, balanceándose.
15
Capilla de las almas. Cuatro
pinos en círculo. Voy al centro. Cuatro almas sobrevuelan la cúpula. Nubes: No mirés. Miro y me mareo. Un pino está
seco. Parece una vena. Paso la mano por un tronco viejo. Intento de nuevo mirar
hacia arriba. Las venas se entrecruzan: Pensá
en las nubes pero no mirés. Hay pequeños brotes suspendidos como campanitas.
Las ardillas chillan. Estos pinos son cuatro amigos que a la noche bailan y
cambian de lugar: Con una rama seca
golpeá otras ramas. ¿A quién llamamos? Hojas amarillas, corteza, ramitas,
caen. Me voy. No quedáte. Vuelvo. Tocáme. De lejos me mira un tronco dinosáurico.
Nubes en la cúpula. Llueven bolitas azules. Chau.
Me quedaría para que me crezcan raíces. Vuela una ardilla. Grita y me voy.
16
Capilla de los insectos
durmientes. Me acuesto debajo de unas ramas que rozan el pasto. Esta es la
capilla para dormir donde los insectos sueñan amontonados, a punto de morir. Me
da sueño. Veo llorar a una mujer rubia. Me mira un ojo azul protoplásmatico. Algo
me protege. Es de noche y la capilla se encapsula. Viajamos a la luna.
17
Capilla para creer en el ciclo
del amor. Un pino muerto de amor abraza a otro pino. Ramas secas y bocas
abiertas en los troncos. Brotes de pinitos alrededor del muerto y una alfombra
verde para entrar. Esta capilla parece abandonada. El vivo y el muerto se besan
en la cúpula. Lágrimas azules.
18
El pianista toca y toca Chopin
con su cabeza de Bombita de Luz. Una paleta. La deja caer para atrás, cada
cinco segundos, boqueante, trasparente y dorada. De su cuerpo le crece algo
como ramas. Me abraza. Salta del banquito y cae sobre cada tecla. ¡Oh! Si su
cabeza de lamparita se rompiera... Mucho polvo. ¡Sería feliz!
19
Soy el bosque (el oso que
parpadea).
20
La ardilla (obviamente corre)
parece aire. Una dulce y delicada ola.
21
Estructura. Las hojas
amarillas no dejan de caer. Manos en un cubo transparente. Me crecen ramas,
continúan mis huesos. Dentro del cubo caen más y más hojas amarillas por entre
las manos que flotan y tienen algo como un imán. Se rechazan. Hasta que el cubo
queda repleto de manos enterradas.
22
Hoy, las hojas amarillas,
están muertas.
23
Transparente. Brujas que caen
de los pinos azules son livianas. Se adhieren al bosque. El pasto se retira
como el mar.
24
Abecedario. Escribo mientras
el bosque.
25
La
noche hará brotar un corazón y el corazón un tallito. Paul Celan
foto: Mercedes Perez Bergliaffa